La salud mental en la infancia y adolescencia es un tema que merece nuestra atención. Contrario a la creencia popular de que los más jóvenes viven sin preocupaciones, los trastornos del estado de ánimo también afectan a esta población. Según proyecciones de la Organización Mundial de la Salud, para 2030 la depresión se posicionará entre las tres principales causas de enfermedad a nivel global, y en muchos casos sus primeras manifestaciones aparecen durante la adolescencia.
¿Qué desencadena la depresión en menores?
Los factores que precipitan episodios depresivos varían según la etapa de desarrollo. Durante la niñez, las figuras parentales representan las referencias sociales más importantes, mientras que en la adolescencia los compañeros y amigos adquieren un rol protagónico.
Existen situaciones que pueden afectar a cualquier edad, como experimentar pérdidas significativas o procesos de duelo complicados. En niños más pequeños, eventos como la separación de los padres o el aislamiento de sus compañeros pueden actuar como detonantes. Durante la adolescencia, el rechazo social cobra especial relevancia y puede generar un impacto emocional considerable.
Manifestaciones diferentes según la edad.
Una de las particularidades más importantes es que la depresión en niños y adolescentes se manifiesta de manera distinta a la depresión en adultos. Mientras que en adultos observamos síntomas más reconocibles como el retraimiento social o la pérdida de interés en actividades placenteras, en los más jóvenes las señales pueden ser menos evidentes.
Los menores pueden mostrar:
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- Cambios bruscos de comportamiento
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- Irritabilidad constante
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- Actitudes desafiantes o rebeldes
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- Disminución en el rendimiento académico
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- Conductas que buscan llamar la atención
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- Necesidad excesiva de control
Estos comportamientos no siempre se asocian directamente con tristeza o aislamiento, lo que puede dificultar la identificación del problema.
Detección temprana: clave para el tratamiento.
Los cuadros depresivos pueden presentarse desde edades muy tempranas. Aunque la mayoría de diagnósticos formales se establecen a partir de los 6 años, se han observado casos en niños de apenas 3 años. La intervención temprana resulta fundamental, considerando que los niños pequeños carecen de la capacidad para expresar y gestionar sus emociones de manera efectiva.
Es crucial no esperar a que la situación se resuelva espontáneamente. Buscar apoyo profesional de manera oportuna marca una diferencia significativa en el pronóstico.
Genética versus entorno.
Si bien existe un componente genético en el desarrollo de la depresión, este es solo uno de varios factores involucrados. Tener antecedentes familiares no determina necesariamente que un menor desarrollará el trastorno.
El concepto de epigenética cobra especial relevancia aquí: el entorno, las experiencias y las vivencias del menor pueden influir tanto o más que la predisposición genética. El contexto de desarrollo puede tanto activar como prevenir la manifestación de genes asociados con trastornos del estado de ánimo.
Pronóstico y prevención de recaídas.
La probabilidad de que un menor que ha experimentado depresión la presente nuevamente en el futuro es variable y difícil de predecir. Mucho depende del trabajo terapéutico realizado y de las herramientas que el joven desarrolle para enfrentar situaciones difíciles.
Un proceso terapéutico completo y bien concluido representa el mejor factor protector. Es fundamental no interrumpir el tratamiento prematuramente ni anticipar el alta, ya que dejar la terapia inconclusa puede aumentar significativamente el riesgo de recaídas.
Abordaje terapéutico recomendado.
La terapia cognitivo-conductual cuenta con el mayor respaldo científico y ha demostrado los mejores resultados en el tratamiento de la depresión infantil y adolescente. No obstante, el éxito del tratamiento no depende únicamente del enfoque terapéutico utilizado.
El vínculo terapéutico juega un papel esencial. Cada niño o adolescente es único, y resulta importante que se sienta cómodo y conectado con el profesional que lo atiende. Esta conexión requiere tiempo para desarrollarse y no puede establecerse en una o dos sesiones iniciales.