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Seguridad vial en Bogotá: análisis de la disminución de víctimas mortales y zonas críticas.

Un cambio esperanzador en las estadísticas viales de la capital.

El panorama de la movilidad en Bogotá presenta novedades significativas. Por primera vez desde 2021, las estadísticas muestran un giro favorable en materia de seguridad vial. El balance de 2025, elaborado por «Bogotá Cómo Vamos», documenta 500 personas que perdieron la vida en las calles de la ciudad, frente a las 555 registradas durante 2024.

Esta reducción porcentual del 9% interrumpe una escalada que parecía imparable. Aunque la cifra absoluta sigue siendo preocupante, el dato representa la primera señal positiva en los últimos cuatro años para una ciudad que había visto crecer sostenidamente este tipo de tragedias.

El mapa del peligro: tres localidades concentran la crisis.

No toda la capital enfrenta la misma situación. El análisis territorial revela profundas asimetrías que demandan atención urgente.

Engativá encabeza el listado con la mayor cantidad de víctimas fatales: 52 personas fallecidas en sus vías durante 2025. Ciudad Bolívar le sigue de cerca con 50 decesos, mientras que Suba completa el podio con 45 muertes.

El contraste con otras zonas es dramático. La Candelaria cerró el año sin registrar ninguna fatalidad vial, y Sumapaz reportó apenas 3 casos. Esta disparidad plantea preguntas fundamentales sobre infraestructura, vigilancia y condiciones de movilidad en distintos sectores capitalinos.

Kennedy: un caso especial que requiere intervención inmediata.

Aunque no figura en el primer lugar por número de muertes, Kennedy presenta un perfil de riesgo particularmente complejo. Esta localidad concentra más de 1,300 incidentes viales con personas heridas, la cifra más alta de toda la ciudad. Adicionalmente, se ubica entre las cuatro localidades con mayor mortalidad.

Esta combinación de alta frecuencia y gravedad convierte a Kennedy en un territorio que demanda estrategias integrales y prioritarias.

Los usuarios más expuestos: motociclistas y peatones en la mira.

Las estadísticas identifican claramente a los grupos que enfrentan mayores riesgos:

Motociclistas: Aunque descendieron de 257 a 229 fallecimientos entre 2024 y 2025, siguen siendo el grupo más golpeado por la siniestralidad vial. Representan casi la mitad de todas las muertes en las calles capitalinas.

Peatones: Con 197 decesos en 2025 (frente a 204 del año previo), conforman el segundo grupo más vulnerable. La reducción es mínima y la cifra continúa siendo alarmante.

Estas dos categorías de usuarios viales concentran la mayoría de las tragedias, evidenciando la necesidad de programas específicos de protección y prevención.

El factor tiempo: cuando las calles se vuelven más letales.

El momento del día emerge como una variable crítica. El informe establece una correlación clara entre horarios nocturnos y niveles de letalidad.

Durante la madrugada y la noche, los accidentes alcanzan tasas de mortalidad cercanas al 8%. En cambio, durante el día (mañana y tarde), aunque ocurren más colisiones, la proporción de desenlaces fatales es significativamente menor: entre 3% y 4%. En estas franjas horarias, la mayoría de incidentes resultan en lesiones en lugar de muertes.

¿Por qué unos sectores son más peligrosos que otros?

La concentración de siniestros en ciertas localidades no es coincidencia. Múltiples factores convergen para crear estos puntos críticos:

    • Volumen de tráfico: Mayor flujo vehicular incrementa las probabilidades de colisiones.

    • Diseño de infraestructura vial: Calles mal señalizadas o sin separadores adecuados.

    • Densidad poblacional: Más residentes implica mayor exposición.

    • Uso del suelo: Zonas comerciales o industriales atraen más desplazamientos.

    • Presencia de usuarios vulnerables: Alta circulación de motocicletas y peatones.

Perspectivas desde GEP.

Para GEP, estos datos constituyen más que estadísticas: representan vidas, familias afectadas y comunidades que demandan soluciones efectivas.

La reducción del 9% demuestra que es posible revertir tendencias negativas, pero la magnitud del desafío permanece. Con 500 familias enlutadas en un solo año, queda claro que las intervenciones actuales, aunque muestran resultados, requieren mayor escala e intensidad.

La inequidad territorial evidenciada exige un enfoque diferenciado. No se puede aplicar la misma receta en La Candelaria que en Engativá o Kennedy. Cada territorio tiene dinámicas propias que deben comprenderse para diseñar soluciones efectivas.

Llamado a la acción.

Los hallazgos de «Bogotá Cómo Vamos» proporcionan un diagnóstico valioso, pero insuficiente por sí solo. Se requiere:

    • Focalización territorial: Priorizar recursos en las localidades más afectadas.

    • Protección diferenciada: Programas específicos para motociclistas y peatones.

    • Intervención horaria: Reforzar controles y señalización en horarios críticos.

    • Evaluación continua: Monitorear el impacto de las medidas implementadas.

La seguridad vial no es solo responsabilidad gubernamental; es un compromiso colectivo que involucra a ciudadanos, empresas y organizaciones sociales como GEP.

Fuente de datos: Informe «Bogotá Cómo Vamos» 2025
Visite el sitio original de la nota | Fuente: Pulzo

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